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¡ Mujeres inmigrantes víctimas reiteradas de violencia de género !

La violencia de género se ha convertido en esa amenaza silenciosa que arropa a 69% de las mujeres en Canadá. Camina sigilosa y a sus anchas en el seno de muchas familias, locales y extranjeras, sea porque forma parte de lo que es aceptable en su cultura o sencillamente por otros factores emocionales que minan la confianza de un individuo.

Cuando una víctima descubre que ha sido objeto de violencia de género, sea por parte de su cónyuge o algún familiar, lo primero que sale a relucir es una especie de coraza protectora ante el mundo, en el que la persona insiste en desestimar el desarrollo de un episodio anormal o atípico dentro de la dinámica familiar. Sólo en Québec, 80% del total de víctimas de violencia conyugal son mujeres y otro 20% hombres. Las féminas parecen ser más vulnerables a este tipo de agresiones.

¿Qué es la violencia de género?

Generar algún tipo de daño físico o emocional a una persona, con el firme propósito de hacerlo, se conoce como violencia; en el caso de la violencia de género, el concepto toma solo a un sector de la población, se produce de un sexo a otro, de manera individual o colectiva. Generalmente, el caso que ocupa amplios informes estadísticos, y numerosas intervenciones sociales, en voz de protesta, es el que se refiere a la violencia de género hacia la mujer, pues, de generación en generación, la marginación y maltrato de las féminas por parte del hombre ha sido una constante.

La Fundación de Mujeres de Canadá, (CWF por sus siglas en inglés), ha denunciado que la mitad de las canadienses ha sido víctima de al menos un incidente de violencia física o sexual después de cumplir los 16 años. Las estadísticas señalan también que cada seis días, una mujer es asesinada por su pareja.

La minoría, blanco de violencia

Cuando se desglosan los casos de violencia de género en Canadá, resulta preocupante el énfasis marcado en mujeres aborígenes, por ejemplo. Más de 600 comunidades aborígenes están registradas en el país, amén de la sociedad multicultural que por décadas ha ido forjándose con la llegada de cientos de inmigrantes, y que tejen una compleja composición étnica local.

La trabajadora social y mediadora familiar de la Universidad de Montreal, Sandra Londono asegura que en el caso de las inmigrantes, la cifra va en aumento con cierta desventaja, y es que estas mujeres, que usualmente se encuentran a la espera de legalizar su estatus en compañía de su familia, optan por el silencio ante las autoridades para no entorpecer la fluidez del trámite migratorio.

“Generalmente son mujeres que han vivido experiencias difíciles en sus países de origen, viven tensión, mucho estrés ligado a la adaptación a los nuevos valores, las nuevas costumbres, las nuevas normas; viven la presión social, porque consideran que deben mantener su hogar unido, tienen una gran dependencia de su cónyuge, porque es la única persona con la que cuentan, la que tienen a su lado en un país, lejos de su familia” asegura Londono, al desglosar el contexto que contribuye a que, en este caso particular, no haya una acción hacia la denuncia.

Así lo indican las estadísticas desde hace décadas. Ya para el año 1999, apenas una proporción mínima llegaba a denunciar actos violentos en el contexto familiar. Solo 5,5% de los casos eran de mujeres que provenían de países desarrollados, mientras las víctimas provenientes de países en vías de desarrollo no llegaban a reportar el hecho. “Hay muchísimos factores que influyen en la decisión de denunciar, porque el hecho de que no estén contabilizados no quiere decir que no sean víctimas, quiere decir que no denuncian” sentencia la profesional de origen colombiano.

Hechos y cifras: Acabar con la violencia contra mujeres y niñas

La desigualdad de poder

La mayoría de los canadienses todavía recuerdan cómo la emoción rondaba aquella presentación de gabinete de Justin Trudeau en 2015, cuando su tren ministerial reflejaba la multiculturalidad del país, y además, se reforzaba con una posición muy marcada del entonces nuevo gobierno: “No hay que tener miedo de la palabra feminista. Los hombres y las mujeres deben utilizarla para describirse a sí mismos en cualquier momento” decía Trudeau sonriente. Casi 4 años después, el discurso se quedó corto en acciones y contrasta con una nación donde la vinculación de mujeres con el poder resulta ajena.

Foto: Kat Jayne

 

Según un informe de Naciones Unidas para 2017, Canadá ocupaba el puesto número 25 en el Índice de igualdad de género, aun cuando en 1995 llegó a conseguir el primer puesto. El fenómeno parece tener explicación en la cantidad de gobiernos que han pasado sin pena ni gloria para las políticas de apoyo a la mujer. Es decir, en este caso, se trata de la falta de acción para promover el mismo campo de oportunidades para las féminas en el país, incluyendo la posibilidad de sentirse seguras ante cualquier circunstancia.

Mujeres en desventaja legal

En este contexto, la violencia de género se inscribe con fluidez entre las circunstancias que contrastan con los maravillosos índices de desarrollo y calidad de vida que ofrece Canadá, siendo esta desigualdad de poder y oportunidades entre mujeres y hombres una buena parte de la raíz del problema. El desamparo legal a esta situación, en la que cada año cientos de mujeres son víctimas de agresión, deja carta abierta para el incremento de las estadísticas. Canadá es el único país de América que no cuenta con una ley federal sobre violencia de género contra las mujeres concretamente, por lo que esta parte de la población queda en riesgo en el ámbito legal.

Sin embargo, si bien no existe una ley central, la mayoría de las provincias del país cuentan con sus propios códigos legales que incluyen medidas de protección contra la violencia familiar. En Québec, donde se contabilizan 15790 mujeres víctimas de violencia conyugal al año, –frente a 3941 hombres-, existe una ley que protege a los niños en estas circunstancias, pero no concretamente una norma que ampare a las mujeres víctimas de violencia, maltratadas por sus parejas.

Informe anual de la ONU sobre la igualdad de género alrededor del mundo.

 

Retomando a Londono en su experiencia como trabajadora social en Canadá, en la mayoría de los casos, las mujeres víctimas que sí denuncian, tienden a volver al seno del hogar que comparten con su victimario al cabo de un tiempo, dificultando su protección y propiciando la repetición de estos actos de violencia doméstica. “Cuando le toca ir a corte, decide retirar denuncia por no perjudicar a su esposo o pareja, entonces es un error bastante común acá, sobre todo las inmigrantes porque no quieren afectar el proceso de aceptación cuando la familia está en un proceso de ser aceptados como residentes” comenta.

El rostro de una víctima de violencia de género

Hay ciertas características comunes entre las víctimas de violencia de género, no para convertirse en una, sino cuando ya lo son. Para quienes le rodean puede resultar perceptible una actitud particular y ciertos comportamientos claves que identifican a una mujer lidiando con la violencia doméstica en casa. Londono, revela que son varias las señales de alarma para detectar una de estas víctimas, y la primera de ellas es el arrepentimiento que suelen sentir por las cosas que suceden en su entorno, aun cuando no son responsables. Otras destacadas son:

 

¿Qué debe hacer una mujer cuando es víctima de la violencia de género?

¿Qué pasos debe tomar?

En palabras de la experta en el tema, Sandra Londono, lo primero que debe evitar una mujer en situación de riesgo de violencia doméstica es el aislamiento. “Que la mujer tenga una red de apoyo, así no tenga familia, es importante que tenga amigos, conocer la comunidad en la que vive, conocer la gente de su barrio, integrarse a centros sociales y aprender el idioma, es fundamental” señala Londono.

Ahora bien, cómo debe reaccionar su entorno inmediato también es de cuidado, pues, sin saberlo, pueden arrojar aún más a la víctima al espacio y situación de conflicto. Cuando una mujer objeto de violencia en casa, cuenta su historia a sus amigas o allegados, y estos reaccionan con críticas y señalamientos, se está acorralando a esta víctima a la creencia de que es culpable o incapaz de salir de esa situación. “Si le damos confianza, y la apoyamos, si la escuchamos sin juzgarla, y le ayudamos a identificar cuáles son los factores que pueden protegerla, que pueden proteger a sus hijos, si le damos herramientas para que en caso de que ella decida salir de este ciclo de violencia, ella pueda llamar al 911. Eso sí la va a ayudar. Pero decirle lo contrario, no ayuda porque ya son frágiles y este tipo de comentario las va a fragilizar mucho” afirma Londono.

Otro de los pasos más importantes es hacerle entender que no resulta en ningún momento justificable una acción violenta en su contra, y que tampoco hay manera de que sea su responsabilidad. “Poder acompañar a una mujer que está sola en este país y que no tiene a nadie más, que necesita hablar, hacer algo distinto y conocer las leyes, normas y servicios a su disposición, es importante poder darle una mano para eso” apunta la trabajadora social colombiana.

En Canadá, existen servicios y organismos comunitarios, abocados a ofrecer ayuda a aquellas familias que, previendo la llegada de la violencia al seno del hogar, optan por valerse de herramientas certificadas para la resolución de conflictos familiares y conyugales. Por una parte, está bien reconocer que no se tiene el control de las emociones y las circunstancias agobiantes que pueden rodear a una familia, sobre todo a una de naturaleza inmigrante. Y por último, antes de acomodarse en el papel de víctima, toca decir “necesito ayuda”, con el firme propósito de buscar una salida conveniente al atolladero que puede significar tener estallidos de violencia latentes en casa.

 

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Montréal – Québec – Canadá

Sobre Carolina Martínez Torres

Carolina Martínez Torres. Periodista egresada de la Universidad Fermín Toro, Barquisimeto-Venezuela. Más de 15 años de experiencia en producción audiovisual y reporterismo para TV. Moderadora de espacios culturales para cadenas internacionales de TV; productora de emisiones estelares de noticias y programas informativos de entrega especial. 5 años de experiencia en edición de contenido para plataformas digitales. 5 años dedicada a la hermosa labor de ser mamá.

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